La creación forma parte del ciclo de matiné única y podrá verse los días 26 y 27 de septiembre en la iglesia de San Luis de los Franceses.
Revista La Flamenca 27/8/2026
El ciclo de matinés únicas que prepara la XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla, cerrará con una creación de Encarna Anillo. Se trata de “Camino de Flores”, la cual podrá disfrutarse los días 26 y 27 de septiembre en la iglesia de San Luis de los Franceses.
Con las entradas agotadas, la cantaora gaditana junto al laudista Miguel Rincón, nos invita a un recorrido por las emociones, la naturaleza y la transformación a través del cante.
Anillo, cuyos inicios fueron en el baile flamenco, tuvo su primera relación con la Bienal de Flamenco de Sevilla en el año 2000, cuando participó en “Metamorfosis” de Israel Galván. Ahora, tras haber formado parte de distintas ediciones con propuestas como “Galvánicas”, “Sevilla” y “Asímetrías”, llega con espectáculo propio, un viaje emocional por distintos palos del flamenco y por los paisajes invisibles de la experiencia humana que enlaza con el relato de una Bienal que invita a revelar lo que habitualmente permanece fuera de foco, invitando a una escucha pausada donde la monumentalidad, la luz y el silencio adquieren un papel protagonista y permiten descubrir otras resonancias del flamenco.
Durante el acto de presentación de “Camino de Flores”, el director de la Bienal, Luis Ybarra, exponía que “Encarna Anillo presenta un trabajo maduro lleno de particularidades. Su próximo disco, Camino de flores, es el primer álbum grabado en directo en la fragua de Camarón, en San Fernando. Podremos disfrutarlo en diálogo con la música antigua en un enclave patrimonial como es San Luis de los Franceses. Peteneras, música de Atahualpa Yupanqui o soleares de Cádiz junto a la guitarra de Pituquete y la colaboración especial de un músico barroco: el laudista Miguel Rincón”.
Para finalizar señalando que “la presencia de una gaditana como ella, cuya carrera es una defensa a ultranza del repertorio, las formas y los maestros de su tierra, cuando se cumple el 150 aniversario del nacimiento de Manuel de Falla no es una casualidad. Esta Bienal anda entre importantes efemérides”.
Por su parte, la propia artista indicó que “Camino de flores es el camino de mi vida hasta ahora, cantado y contado cronológicamente a través de las esencias de las flores de Bach. He elegido nueve esencias y cada una va acorde con la emoción que en el momento vivía. Lo cuento desde que empecé a bailar con 5 años hasta que empecé a cantarle al baile, después vino la dualidad de ser cantaora delante y cantaora detrás… y todos los desengaños que me voy encontrando por el camino. Así, en este recorrido ha ido muriendo gran parte de mí, pero luego llega esa luz de la transformación y, gracias a ella, puedo contar y sanar a través del flamenco y del arte para abrazar, desde un lugar más bonito, mi camino de flores”.
Por todo lo aquí expuesto, “Camino de flores” transita las distintas etapas de la experiencia humana a través del cante flamenco. La ingenuidad de la infancia, el desengaño, el hundimiento y la desesperanza, la ansiedad y el agotamiento, el encuentro y el amor, la transformación interior o la celebración de la vida se expresan a través de distintos palos flamencos, en una sucesión que convierte cada cante en la representación de un momento vital.
Destacando Anillo que incluso cada uno de estos palos se vincula, además, con una esencia floral de Bach, estableciendo un diálogo simbólico entre la emoción y la naturaleza. Así, las alegrías de Córdoba se asocian a la centaura para evocar la infancia y la ingenuidad; las marianas y los tientos, a la Estrella de Belén y el desengaño; la petenera, a la aulaga y la desesperanza; y la seguirilla, a la genciana y los estados de ansiedad y agotamiento. El fandango y la rosa silvestre acompañan el encuentro y el amor; la milonga y el castaño dulce se adentran en la noche oscura del alma; y la soleá de Cádiz y el nogal representan el momento de tomar el mando y compartir la sanación.
Finalizando la propuesta con la transformación interior de “El Árbol”, asociada a la mostaza, para desembocar en la bulería y el lotus, símbolos de la celebración de la vida y la espiritualidad.
Sin duda alguna estamos ante una jornada de la Bienal que ha levantado grandes expectativas, agotando incluso las localidades. Un día en el que se podrá disfrutar del diálogo entre cante, emoción y naturaleza, siendo testigos los presentes del flamenco que adquiere una dimensión de raíz, medicina y oración, y que encuentra un espacio para expresar aquello que permanece en el interior y que no siempre se hace visible.
