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En la Memoria: Félix Grande


En la Memoria: Félix Grande




Se marcha un apasionado del flamenco

Web revista La Flamenca 30/1/2014
Felix-Grande

Hoy se ha ido una persona realmente entrañable, su mirada inquieta hacía vibrar, sus palabras eran una auténtica verdad. Todo lo que decía, fuese o no cierto, en su boca era veraz. Así era Félix Grande, poeta y flamencólogo, aunque más que flamencólogo era un verdadero apasionado por el flamenco. Trasmitía verdadera pasión por él.

Imagino que fue una persona extrañamente curiosa en sus primeros años, nació en Mérida, aunque se trasladó en su juventud a Tomelloso, provincia de Ciudad Real; allí ejerció de pastor, vaquero, vinatero y hasta vendedor ambulante. Me sigue sorprendiendo la vida de este “Grande”, en el año 1.976 se hizo socio de la SGAE, su número era el 27.530. Dedicó su vida a escribir, a sentir, pero sobre todo a vivir.

Era intenso, pensaba, escribía y sentía todo con intensidad, así lo transmitía. El Premio Nacional de Flamencología lo recibió en 1980 por su obra Memoria del Flamenco. Se enamoró de la guitarra de Paco de Lucía, como para no enamorarse, y compartió muchas experiencias con el maestro de Algeciras. Se unió a Fernando Quiñones, otro inolvidable para traernos el desenfado del arte que movía su latido. Grande no era un flamencólogo estudioso de los libros, de fechas y números, de hemeroteca, no, él era un vividor del flamenco, lo vivía y lo alimentaba. Su sencillez y su humildad lo llevó a descubrir un flamenco oscuro, analfabeto, pobre, miserable… sin embargo Félix vio ahí la belleza y el verdadero arte jondo escribiendo: “el flamenco es la canción protesta más importante, más irrompible y duradera que se ha inventado en castellano. Este género  pone en valor que los humildes que iniciaron el cante jondo consiguieran sacar la genialidad para encontrar en cada lenguaje lo esencial de las emociones radicales”.
 
A principios de los años 60 Grande se trasladó a Madrid y comenzó a escribir en la revista “Cuadernos Hispanoamericanos” descubriéndonos a Luis Rosales, su carrera lo llevó finalmente a dirigir esta revista, considerada una de las más afamadas magazines de cultura. En 2.004 le llegaría uno de sus mayores reconocimientos, el Premio Nacional de las Letras por su trayectoria literaria, que englobaría obras como “Las piedras”, “Blanco Espiritual”, “Las rubaiyátas de Horacio Martín” o “La vida breve”.

En esta revista también dejó su huella, dejando en su legado su recuerdo firme sobre el bailor granadino Mario Maya, que él tituló “A propósito de Mario” a principios de 2006 en su edición de papel.

Toda la afición recuerda una gran obra magistral, donde la voz de Juan Peña “El Lebrijano” y los versos de Félix Grande dieron vida a “Persecución”, defendiendo así el mal trato que recibió esta etnia en la época de los Reyes Católicos, siendo perseguidos y expulsados durante el siglo XV. Esa voz desgastada se ha apagado en Madrid, a los 76 años, tras una larga enfermedad. Ese tono templado y cercano que anticipa al cante de Peña:

“Remotos, con la mirada soñolienta por la lana del horizonte, vestidos con colores arrogantes y envueltos en la música del himno pobre e infinito que forman el chirrido de sus carretas y los cascos de sus caballos. Solitarios y juntos, entran en estas tierras por la infancia del siglo XV, de dónde vienen tan extraños, tan orgullosos. Mientras esas muchachas les dan teta a sus crías, los ancianos más impasibles sotean estos nuevos caminos preguntándose el precio que aquí han de pagar, por seguir siendo lo que han sido siempre, aves de paso, forasteros, intrusos. El patriarca del clan, escruta entre las grietas del paisaje y piensa que su tribu aquí como en cualquier otro territorio del mundo no habrá de renunciar por nada a su patria profunda, una vieja costumbre, a la que llaman, libertad.”
 
Descansa en paz, Félix Grande Lara.




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