Fue el responsable de la incorporación del Flamenco al emblemático grupo protesta.
Revista La Flamenca. Adelina Uribe. 6/8/2025
El mundo de la música protesta está de luto. Uno de sus maestros, Pepe Bulerías, fallecía el pasado 30 de julio en Sevilla. Con él se va un contemporáneo del flamenco que supo incorporar el compás del llanto de su guitarra a los emblemáticos temas de ‘Jarcha’. Se convirtió así en uno de los abanderados de un novedoso estilo del folclore andaluz que abrió puertas a nuevas generaciones, tanto en lo artístico como en el ámbito político-social.
Pepe Bulerías se ha marchado pero deja un rico legado con canciones que se han convertido en himnos. Músicas y letras que han pasado a la historia, gracias a la atemporalidad de la música creada por los componentes de ‘Jarcha’.
Natural de Huelva pero afincado en Sevilla, Pepe Sánchez (que es como realmente se llamaba) echó raíces en la capital andaluza. Se casó con la fotoperiodista, Chari Molina, una gitana a la que conoció cuando ella tenía tan sólo 14 años y de la que no se separó ni en su último momento. Cogidas de su mano, le despidieron también, sus hijas: Chary y Laura Sánchez. La primera de ellas, es periodista y delegada territorial de la Federación Gitana de Andalucía, acentuando su compromiso contra la violencia de género. Por su parte, Laura es una reconocida fotógrafa sevillana, quien junto a su marido, ‘Petaca’ ha continuado con el legado de Pepe Bulerías como comunicador, ya que el artista también destacó por su labor como fotógrafo de prensa dejando su impronta en medios de la talla de las revistas ‘Tiempo’, ‘Tribuna’, ‘Cauce’ y ‘Lecturas’, entre otros.
Todos ellos, incluido su nieto, Manuel, lloran su pérdida, pero abrazan con orgullo una almohada de arte impregnada en la savia de su particular Jarcha (nada menos que el Jarcha flamenco) Poco presumen de lo que consiguió Pepe Bulerías, el gran pilar de su familia, quien participó con su música al servicio del arte, siempre un paso atrás, esquivando cualquier protagonismo. Por este motivo, son muchos los que conocen la letra de la canción ‘Libertad sin ira’ pero hoy están descubriendo la historia de uno de sus intérpretes más talentosos.
‘El Jarcha flamenco’, ‘El Bulerías’, ‘El Pepe’ se ha marchado pero lo hizo llevándose con él el honor de haber recibido, junto a sus compañeros de ‘Jarcha’, la Medalla de Andalucía Manuel Clavero Arévalo, el 28 de febrero de 2024, en el Teatro de la Maestranza de Sevilla. Con este acto se reconocía la trayectoria de un grupo de artistas que pusieron banda sonora a la transición española. En estos tiempos que corren ahora, donde las guerras sacan la rabia hasta de los buenos, cabe seguir recordando aquello que cantaban los Jarcha: “guárdate miedo y tu ira”. Los que conocimos a Pepe Sánchez, a Pepe Bulerías, sabíamos detectar aquel talento suyo de masticar su enfado por debajo de su característico bigote, en busca de encontrar la mejor solución al problema desde un gesto pacífico y conciliador, porque Pepe, además, era tan valiente que el miedo no le robaba la libertad a una sola nota de su guitarra.
GUITARRISTA FLAMENCO ANTE TODO
Llevaba el compás a flor de piel como parte de su vida, no necesitaba ni apariencia flamenca, y es que Pepe era flamenco, pero flamenco, es decir, estaba todo lo lejos que se puede estar de un souvenir flamenquito. Era un artista seguro de sí mismo, tranquilo, con temple, que se sentaba y tocaba la guitarra con ese oído en volandas entre las matemáticas y las letras puras. Destacaba desde su eterno segundo plano, el que él elegía pese a que Dios le había otorgado todas las cualidades para brillar si así lo deseara.
Hasta la decoración de la casa de Pepe Bulerías es la de un flamenco puro. Lo hacen sin pretenderlo, lo prometo. El olor a madera de tablao va con ellos. Siempre se encuentra un piano y otros instrumentitos diminutos duendeando por las esquinas, sorprendiendo a las visitas que tropiezan de golpe con ese aire de espectáculo a punto de florecer. Esas casas que ya suenan a algo nada más entrar, como si el proceso creativo resonara en las paredes, como si entrar ya mereciera el mayor de los respetos. Y es que nada es más flamenco que el respeto, de eso Pepe sabía mucho.
Recuerdo cómo sintió Pepe la muerte de Paco de Lucía. Fue la única vez que se permitió ser un poco presuntuoso. Mostró una fotografía en la que se le veía tocando la guitarra junto al maestro, agradecido al genio por haberle invitado a subir al escenario junto a él durante un concierto en Huelva. Por entonces, Pepe tenía 18 años y Paco de Lucía quiso dar una oportunidad a un joven artista cuyo talento no le pasó desapercibido. A partir de ahí, llegaron a tocar la guitarra juntos en reuniones particulares en alguna casa de la aldea de ‘El Rocío’.
Pepe Bulerías pasó de tocar en ‘Los Gachós’ a incorporarse a Jarcha en 1974, tras haber participado en la grabación de un disco del grupo. Pronto, fue uno más de Jarcha compartiendo camino con Ángel Corpa, Rafael Castizos, Juan José Oña, Maribel Martín o Antonio Ángel Ligero, entre otros.
Entre esos otros, se encontraba María Isabel Quiñones Gutiérrez, vocalista de Jarcha en sus inicios. Si me lo permiten, voy a contar una anécdota personal. Yo, la que escribe, he tenido la suerte de tener como mentor profesional de periodismo a Pepe Bulerías. Pues un día que estábamos trabajando investigando una noticia, nos encontramos con María Isabel Quiñones Gutiérrez, me la presentó, comenzaron a recordar viejas vivencias, rieron y charlaron durante bastante tiempo, tomamos hasta un café, si mal no recuerdo. Se dijeron adiós, amigablemente, yo también me despedí de aquella señora: guapa, normal, morena, sencilla y discreta. Y cuando se marchó, Pepe me preguntó: -¿Sabes quién es mi amiga?- Yo, rápidamente, le contesté: - No tengo ni idea.- Pepe me miró con la sonrisilla pícara y esa mirada suya en cenital (me miraba desde ese plano porque soy bajita) y exclamó: - ¡La Martirio!
Pues ese era Pepe Bulerías, quien ha pasado su arte flamenco a sus hijas, porque Laura y Chary, sobre todo, son dos bailaoras de nacimiento, de esas que se quedan con un pasito atrás, sin necesidad de contar a nadie lo flamenco que se transpira en el salón de su casa de Condequinto. Porque ellas son gitanas de la gitanería, porque ellas son las niñas de Pepe, ‘El Bulerías’.
