Importante flamencólogo, historiador y explorador de la vida y la obra de Antonio Mairena y amante de la pureza de lo jondo.
Revista La Flamenca. R. De la Villa. 5/2/2026
El mundo del arte, la cultura, el flamenco… e incluso de la política perdía este miércoles 4 de febrero una figura importante, la de Luis Soler Guevara.
Soler nació en el 1944 en Málaga, aunque residió durante más de un cuarto de siglo en el Campo de Gibraltar, tierra donde desarrolló una intensa labor cultural y política siendo teniente de alcalde y delegado de Urbanismo del Ayuntamiento de Algeciras entre 1979 y 1983.
Pero centrándonos en el mundo del arte jondo, Luis fue un destacado flamencólogo, escritor y gran difusor del flamenco, sobre todo de sus raíces más puras.
Podríamos decir de él que fue una gran fuente de sabiduría del flamenco dejándonos como herencia viva toda la parte historiada y explorada de la vida y la obra de Antonio Mairena, a quien le tuvo inmensa devoción; también rescató el flamenco olvidado del Campo de Gibraltar, el arte jondo de Málaga y de las malagueñas... su vida la basó en defender la pureza del flamenco.
Todo ello avalado por numerosos reconocimientos y galardones como el premio del concurso de periodismo y ensayo Fundación Antonio Mairena 1991; la Uva flamenca de la Cadena SER; el Premio nacional de investigación 1998 de la Cátedra de Flamencología de Jerez; la Palma de Plata Ciudad de Algeciras; el diploma universitario flamenco del año 2010… entre otros muchos más.
En cuanto a su obra literaria, fue autor de numerosos libros y artículos, destacando por trabajos fundamentales sobre la seguiriya y la soleá junto a Ramón Soler, así como por publicaciones como “El Cojo de Málaga” o “Flamenco del Campo de Gibraltar”. Junto a ello, podemos reseñar que fue articulista de la revista Candil, colaborador de múltiples proyectos musicales; ha impartido y participado en más de doscientas actos, conferencias, mesas redondas y seminarios en universidades, ateneos, peñas flamencas y otros círculos; y estuvo estrechamente ligado a la Sociedad del Cante Grande de Algeciras.
Su muerte ha caído como un jarro de agua fría para la cultura y el flamenco, a pesar de llevar más de una década luchando contra una enfermedad. Ahora, nos quedan sus obras, que no son pocas y sobre todo su amor profundo por lo jondo, pues Luis Soler estaba convencido que él le debía más al flamenco “bastante más de lo que yo he podido darle, muchísimo más. El flamenco para mí representa un trozo de mi cuerpo. Sin el flamenco mis días serían muy distintos”.
Un testimonio que nos ofreció hace algunos años y que deberíamos de tener presente para seguir manteniéndolo vivo en nuestra memoria.
