Perteneciente a una histórica saga flamenca, siendo el último eslabón de una generación de artistas entre los que se encontraban Paco de Lucía, Camarón, Sabicas, Morente…
Revista La Flamenca. R. De la Villa. 5/8/2026. ©Paco Manzano
Anoche empezó a correr como la pólvora la triste noticia del fallecimiento de Pepe Habichuela, a sus 82 años en Madrid, ciudad donde residía, tras una enfermedad que apartó de los escenarios en 2024.
El guitarrista que nació, creció y descubrió la guitarra en su cueva granadina del Sacromonte deja un vacío enorme, no solo en la guitarra flamenca, sino en el mundo de la cultura y el arte en general.
Y es que se trata del último eslabón de la edad de Oro del Flamenco, la tercera generación de una de las sagas de guitarristas más importantes de este arte, que inició su abuelo “Habichuela el Viejo”, de quien tomaron el apodo, y que continuó después por su padre, Juan Carmona, y que ampliaron sus hermanos Luis y Carlos, además de Juan. Un legado inmenso que hace que su memoria sea eterna.
Pepe Habichuela nació en una de las cuevas del Sacromonte, donde también se fraguó la Zambra, en el seno de una familia humilde de siete hermanos. Tal y como hemos mencionado él encabezó la tercera generación de guitarristas flamencos tras su abuelo y su padre, arte y tradición que hereda su hijo, Josemi, uno de los integrantes del grupo Ketama.
La guitarra en un principio fue para Pepe una forma de llevar algo de dinero a su casa, quien a los 10 años y tras comprarse su primera sonanta tras trabajar en un horno de pan, se recorría a diario el Sacromonte a compás.
Sin embargo, fue en Madrid en la década de los años 60, y siguiendo los pasos de su hermano mayor, Juan, donde empezó a fraguar y consolidar su carrera.
Los tablaos flamencos como El Corral de la Morería o el de Las Brujas fueron el punto de encuentro con importantes artistas como Paco de Lucía, Camarón de la Isla, Enrique Morente, Juanito Valderrama, Fosforito... Una generación que consiguio marcar un hito en la historia del flamenco y a la que tanto debemos.
En esta etapa, Habichuela de rasgueo potente e incisivo para acompañar el cante, se convirtió en el guitarrista de Enrique Morente, algo que les llevó a pasar tres décadas juntos, no solo en giras y escenarios, sino también firmando trabajos.
En los años 80 publicó su primer disco en solitario, “A Mandeli”, del sello Nuevos Medios de Mario Pacheco, donde el guitarrista rendía homenaje a su abuelo.
Su vida privada muy ligada a la profesional, pues se casó con la bailaora Amparo Bengala con la que llegó a triunfar en una gira por Japón. Sin olvidar que también experimentó la fusión del flamenco con el jazz y con la música india que incluyó en su disco “Yerbagüena” que vio la luz en 2001.
Una carrera brillante que viene avalada por importantes galardones como la Medalla al Mérito en las Bellas Artes en 2018, o este mismo año que fue investido con Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X El Sabio.
Hablar de Pepe Habichuela es hacerlo de toda una institución flamenca, una de las figuras más influyentes del arte jondo pues a lo largo de su carrera supo abrir nuevos caminos y promover una evolución junto a su generación que ha hecho historia.
Por todo ello, aunque nos invade la tristeza de que se silencia su guitarra, su legado es tan grande e inmenso que lo han hecho ser eterno a pesar de su partida terrenal.
Desde Revista La Flamenca trasladamos nuestro más sentido pésame a sus familiares. Que se penden crespones negros en las guitarras flamencas, se nos ha ido un grande entre los grandes, único e irrepetible. Gracias Pepe Habichuela por tanto, gracias por todo.
