Una discreta leyenda almeriense, con un talento innato y con una importante carrera profesional en producción musical y para la gestión cultural española, sin igual.
Revista La Flamenca. R. De la Villa. 18/12/2025 ©Carlos Barajas
Un nuevo varapalo para la cultura nos llega hoy. En la noche de ayer, de forma discreta, tal y como encauzó su vida y su carrera profesional, fallecía Alejandro Reyes Domene Rodríguez, a los 81 años de edad.
Un gran promotor cultural y una de las grandes personalidades del jazz y el flamenco, dos de los géneros musicales que encumbró en nuestro país, al frente del afamado Club de Música y Jazz San Juan Evangelista.
Alejandro nacía en Almería, en el año 1944, de él se podrían decir muchísimas cosas, pero una de las más importantes es que la historia del flamenco almeriense en el último tercio del siglo XX y primeros del siglo XXI no se entendería sin su persona.
Sin embargo, me atrevería a decir que su llegada a la música fue casi que por supervivencia. Como el propio Alejandro contaba en una entrevista, a pesar de ser muy buen estudiante, cuando se fue a Madrid a estudiar Ingeniero Industrial “se me atragantó y no acabé la carrera. Como tenía que buscarme la vida, empecé a dedicarme a la música”. Un instinto de supervivencia que fue el inicio de una carrera impecable y de gran relevancia para la cultura de nuestro país.
De personalidad discreta, Alejandro destacó por ser ante todo, un almeriense de pro. Pero no podemos olvidar que además fue gestor cultural y fundador del mencionado Club de Música y Jazz, el popular “Johnny”, uno de los templos de culturales de Madrid, o el gran impulsor del taranto almeriense, creando en el año 1989 el Festival por Tarantos de Almería, a cuyo escenario subieron, durante más de 20 años, grandes estrellas del canje jondo, para interpretar este cante de la tierra, a la vez que presentó en la capital de España a jóvenes almerienses que luego han triunfado.
El “Johnny”, ese espacio independiente y revolucionario que dio su sitio a la cultura, cuando no había lugar para ella, fue su alma mater. A sus tablas consiguió subir a Camarón, Enrique Morente, La Paquera de Jerez, Chocolate, Tomatito y Niño Josele… todos ellos, figuras indiscutibles de los jondo, importantes instituciones del flamenco.
A lo largo de su vida alcanzó muchos hitos profesionales como la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes españolas en 2010, hasta el último concierto de Camarón. Impulsó festivales eternos como el de Jazz, Flamenco o el de Góspel de Madrid, dirigió la promotora de conciertos, CultyArt… y en su última etapa recibió un homenaje por sus cincuenta años de compromiso por la música que organizó el Instituto de Estudios Almerienses (IEA) en la sala Clasijazz en 2017, y recogió el Morato de Oro de la peña flamenca El Morato en 2023.
Sin duda alguna, la cultura, el jazz y el flamenco pierden a un eslabón muy importante de la cadena del sector cultural español. Se nos va un erudito que fue capaz de trasladar su pasión al plano profesional; y un talentoso con una capacidad innata para implicar a los jóvenes, apoyándolos y ofreciéndoles oportunidades como artistas emergentes, a la vez que mostró sus máximos respetos por los artistas consolidados.
Se ha ido Alejandro Reyes, con voluntad firme, pero siendo esa discreta leyenda que se codeó con los más grandes y quien a compás flamenco y con la fuerza del jazz supo regalarnos una “Cátedra de la Música Popular” tal y como afirmó en su día Luis Eduardo Aute.
