Una figura indiscutible de la danza y creador de un sello propio en palos como la farruca, la caña y, sobre todo, la soleá.
Revista La Flamenca. R. De la Villa. 9/1/2025 / ©Paco Manzano
El principio del 2025 está siendo asolador para el flamenco, si en sus primeros tres días se llevaba a La Chunga, esta mañana del 9 de enero nos despertamos con la triste noticia del fallecimiento de El Güito.
Con 82 años, Eduardo Serrano Iglesias nos dejaba en su domicilio de Collado Villalba en Madrid. Una leyenda indiscutible del baile y la danza flamenca del siglo XX que con su partida deja un irreparable vacío tanto en esta disciplina como en el arte jondo y en la cultura en general.
El Güito, como artísticamente se le conocía era uno de los sus más grandes embajadores del baile flamenco que nació en Madrid en 1942. Sus inicios en este arte son desde muy niño en el barrio del Rastro, donde su madre vendía lotería. Siendo muy pequeño se hizo con el primer premio de un concurso en el Teatro Madrid para artistas infantiles y eso le impulsó definitivamente para dedicarse a este arte.
Con solo 14 años, debutó como profesional en el Ballet de Pilar López, compartiendo escenario con otras leyendas de baile como son Antonio Gades y Mario Maya. Con apenas 16 años se hizo con el prestigioso Premio Sarah Bernhardt del Teatro de las Naciones en París, después de haberse formado en las academias de la Quica y de Antonio Marín. Sin duda alguna, este fue el inicio de una carrera internacional que lo llevaría a consolidarse como un referente indiscutible, y como el bailaor más grande que ha dado la Madrid.
Siete décadas de carrera artística y profesional donde entre otras cosas formó parte del Trío Madrid junto al matrimonio Mario Maya y Carmen Mora, además de ser artista invitado del Ballet Nacional de España y de la compañía de Manuela Vargas. Durante los años 80 y 90, participó en espectáculos históricos como Flamenco Puro, junto a figuras como Farruco y Manuela Carrasco, además de recorrerse el mundo a través de festivales, recitales… pisando escenarios de este a oeste desde Japón hasta Estados Unidos.
En 1996 recibió el premio Calle de Alcalá e interpretó varios papeles en algunas películas. Entre sus últimas creaciones está “Madrid Jondo” (1995) y “Puro Jondo” (1999). Una carrera muy fructífera que se refleja en otros galardones recibidos como el Premio de la Cátedra de Flamencología de Jerez y el reconocimiento del Festival Flamenco de Madrid.
El Güito fue y será una figura indiscutible de la danza, creador de un sello propio en palos como la farruca, la caña y, sobre todo, la soleá, con la que consiguió elevar el baile flamenco a un nivel universal.
Pero además de figura indiscutible, quiso que su legado perdurara en el tiempo, siendo maestro y coreógrafo en espacios flamencos como Amor de Dios y la Casa de Cultura de Torrelodones.
La muerte de El Güito cae como un jarro de agua fría en la cultura y el flamenco, pues además, con su partida perdemos el último eslabón de esa cadena formada por toda una generación dorada que revolucionó el mundo del baile flamenco masculino en la segunda mitad del siglo XX y que llevaba también el nombre de legendarios como Rafael “El Negro”, Farruco, Antonio Gades, Mario Maya o Manolete.
Desde Revista La Flamenca trasladamos nuestro más profundo pesar a amigos, familiares y seguidores de este gran artista cuyo legado será eterno.
