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Mauricio Sotelo: La Guitarra de Rafael Riqueni es la escuela del reposo y de la autenticidad”


Mauricio Sotelo: La Guitarra de Rafael Riqueni es la escuela del reposo y de la autenticidad”




El compositor madrileño sitúa “el genio” del guitarrista de Triana lejos del “malabarismo virtuosistas que cae a veces en el vacío”.

Revista La Flamenca. Barcelona. Xavier Grau. 21/12/2020 Fotos: Jordi Vidal

“Explicar lo inexplicable del genio de un genio en el contexto de la música más allá del mundo del flamenco”, con este punto de partida ha cerrado Mauricio Sotelo el ciclo que la Sociedad Flamenca Barcelonesa El Dorado ha titulado “La Guitarra de hoy: nuevas referencias” con broche de oro dedicado a Rafael Riqueni.

Con un concierto previo del guitarrista sevillano el día anterior, el compositor Sotelo desgranó en conferencia (“Riqueni en la música de hoy”) las claves del artista reservado y querido que es Riqueni. La perspectiva de Mauricio Sotelo, formado en Viena bajo el magisterio de Francis Burt y declarado discípulo de Luigi Nono, dibuja la figura del de Triana en un marco más amplio. Lo traslada del anclaje circunscrito al flamenco y lo aborda desde su perspectiva de músico clásico, compositor y profesor.

“LA VOLUNTAD FORMAL DE RIQUENI AL INTERPRETAR SOBREPASA LAS PEQUEÑAS FORMAS DEL FLAMENCO Y DE LO POPULAR”

Así, Sotelo destaca para Revista La Flamenca las claves del arte de Riqueni: “su voluntad formal al interpretar sobrepasa las pequeñas formas del flamenco, sobrepasa lo popular y en la línea explicada por Schönberg su música apunta a grandes arquitecturas musicales”.

También indica Sotelo la formación musical y académica de Riqueni, que junto a otros como Juan Manuel Cañizares o Gerardo Núñez, destaca por sus conocimientos de la notación musical. Ese conocer la escritura musical, la armonía, la composición, permiten al autor “Parque de María Luisa” superar la tradición oral propia del flamenco.

Principalmente, Mauricio Sotelo, pone en valor de la figura de Riqueni “su profundidad y su poética del silencio” emparentando con otros de sus debilidades como es el poeta José Ángel Valente.

“La guitarra de Rafael Riqueni crea una escuela del reposo y de la autenticidad, de lentitud al tocar… lo que en términos taurinos sería ese parar, templar y mandar” a la hora de interpretar, explica.

“Esa calidad del sonido y del silencio tan importante en la música, esa capacidad de escucha y de quietud, ese valor de aparente sencillez, esa profundidad” alejan a Riqueni, sostiene Sotelo, de cualquier tentación de “malabarismo virtuosista que cae a veces en el vacío”.

Como recientes muestras de la fuerza y la genialidad de Riqueni, el compositor madrileño subraya sus versiones a la guitarra de la seguiriya de Cagancho. También la marcha procesional “La Amargura” de Manuel Font de Anta con la que Riqueni sorprendió al público en su regreso a los escenarios.

En ambas piezas, describe Sotelo cómo “Riqueni desborda el aspecto formal de la seguiriya y muestra voluntad compositiva abriendo la mente a lo que la música nos puede aportar”.

“CUANDO ESCUCHO A RIQUENI ESCUCHO MÚSICA PURA, HONESTA, PROFUNDA Y NO UN SIMPLE EJERCICIO DE ARMONÍA”

“Aunque hay que ser sevillano para entender la fuerza de los acordes procesionales de Font de Anta”, incide Sotelo, en cómo Riqueni aborda la pieza “con la emoción y la voluntad de acercarse a la tradición de lo popular siempre con esa intención de hacer de la guitarra un instrumento de canto, más allá de su potencia rítmica”.

“Con esa magia tan flamenca que se ha perdido, la interpretación angélica y cantábile de Riqueni recupera los valores de lo profundo, de la noche, entendida al modo de San Juan de la Cruz donde la noche no es juerga sino inspiración”.

Según Sotelo, “cuando escucho a Riqueni escucho música pura, honesta, profunda y no un simple ejercicio de armonía, ni la arquitectura de la pieza”.

La argumentación de Mauricio Sotelo, comprometido ahora con el estreno de su ópera sobre Giordano Bruno para Théâtre Royal de la Monnaie de Bruselas ya para 2021, contó con la aprobación del propio Riqueni, presente en la sala.

Para el guitarrista, “mi único objetivo en la música es cubrir la necesidad de llegar a comunicar con los demás a través del instrumento”.

Casi todo empezó, recuerda, “con el apoyo de mi padre y de mi madre, que cuando yo era joven era un loco del Niño Miguel, de Paco de Lucía y de Manolo Sanlúcar, ellos me forzaban a tocar mis falsetas para desarrollar mi propio estilo”. Respeto a su formación académica como músico, Riqueni señala que surge “de la necesidad de saber lo que estaba tocando, para saber qué hacer con un acorde, con un arpegio… y quedarme así más tranquilo al saber lo que tocaba”.

El concierto y la conferencia sobre Riqueni cierran el ciclo de la entidad cultural El Dorado que así situó de su presidente, Pedro Barragán, en su presentación: “hace 30 años, Paco de Lucía era el faro de todos los guitarristas y queremos analizar como está ahora la situación convocando a guitarristas de estilos y generaciones diferentes, algunos de ellos madurados bajo el influjo de Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar o Serranito, de la generación de los 60, como Gallardo o Riqueni, pero también contamos con otros de la generación de los 70 y de los 80, como el caso especial de Dani de Morón.




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