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Entrevista: Leonor Leal. “El Quejío está en la grieta de los Huesos”


Entrevista: Leonor Leal. “El Quejío está en la grieta de los Huesos”




La bailaora jerezana prepara la presentación de “Se prohíbe el cante” en el Teatro Real de Madrid.

Revista La Flamenca. Barcelona. Xavier Grau. 8/4/2019 Fotos: Judit Rodriguez

Leonor Leal ha pasado por dos ciudades catalanas como Barcelona y Cornellà para dejar muestra de su baile personal. Acompañada por las percusiones de Antonio Moreno, la bailora jerezana desmenuzó su genio inquieto y atípico ante los espectadores del ciclo ‘Dansa. Quinzena matropolitana’. Concibiendo sus espectáculos como forma de satisfacer sus propias inquietudes para invitar al público después, cuenta que se inspira siempre en sus sueños y sus anhelos. Tras de cada coreografía y de cada espectáculo aflora la innovación y la experiencia de una mujer que ha pasado por las compañías de Antonio El Pipa, Andrés Marín y el Ballet Flamenco de Andalucía con Cristina Hoyos. A veces, confiesa, cierra los ojos para bailar, convencida que también es posible danzar al son del silencio.

¿Cuál es la esencia flamenca de “Se prohíbe el cante”?

La esencia de esta propuesta parte de una persona muy inspiradora para mí que fue Juan de Loxa. Tuve la oportunidad de conocerlo y creamos un vínculo fantástico de amistad y de creación. La frase de “Se prohíbe el cante” tan común en las tabernas andaluzas lo convirtió en poema fonético en los años 70, que por cierto fue bailado por Mario Maya.  Ya le había planteado la posibilidad de hacer una obra a partir de sus materiales y aquí estoy, aunque él lo vea desde arriba…seguro que desde un trapecio.

¿Dónde está el origen de su emoción cuando baila?

El origen de mi emoción está mucho en el propio cuerpo, en la música, en la vida o… no lo sé… pero percibo una especie de pulsión que no me deja.

¿Qué persigue?

Quiero crecer, quiero compartir, ponerme a prueba…

Para usted, el flamenco es…

El flamenco es mi herramienta, mi lenguaje, pero desde el jondismo, como decía Loxa:  como penúltimo ismo de vanguardia.

¿Cómo se llega a la base del quejío?

El quejío está en la grieta de los huesos. Donde más memoria tiene un cuerpo, desde donde más desnudo se está. Así que se llega ahí…quitando, rascando, escarbando…

Dice usted que baila primero atendiendo a su necesidad y no para el público

No podría hacerlo de otra manera.  Para empezar un proceso de creación, parto desde mí o lo que me interesa más. Luego observo la relación con el público y reflexiono. A veces el público hace de guía, pero otras sólo despista y observar esto es interesante. Es muy relativo todo, pero de igual forma, interesante.

¿Cuánto hay de danza contemporánea en su trabajo?

Pues creo que poco. Sin embargo desde el espectáculo “JRT” de 2016 -sobre Julio Romero de Torres con mis compañeras Ursula y Tamara López- y  luego con “Nocturno”, estrenado en 2018,  me he acercado más a la danza contemporánea gracias al encuentro con  María Muñoz de la compañía Malpelo. Pusimos como objetivo la ampliación de mi lenguaje desde un diálogo constante con ella y seguimos en él. Ella es una referencia para la danza en este país y un pilar ahora mismo en mi trabajo.

¿Cuánto de clásica?

Pues la danza clásica es mi base, mi infancia. Algo queda. Sobre todo mis ganas de niña de bailar.

¿Y cuánto de flamenco?

Pues un porcentaje que va haciéndose día a día y que me resulta aún infinito. Los cuerpos que me atraviesan me dirigen hacia muchas posibilidades creativas.  Hay una riqueza en el lenguaje mismo y un “peso” tan valioso que pasan los años y sigo sintiendo sorpresa de lo que descubro en él.

¿Dicen en Francia que acaba de dejar al público ‘atónito’?

 Hemos estado en el Festival de Nimes y ha sido muy buena experiencia.

¿Le habían dicho antes lo de la sonrisa a lo Liza Minnelli?

Síiiiii… …

¿Y que tiene la mirada ingenua de Giuletta Masssina?

Pues esta ha sido una nueva comparación que agradezco mucho pues a partir de ahí me he puesto a ver sus películas.

¿Qué flamenco muestra su espectáculo “Nocturno”?

Es el espectáculo estrenado en  la pasada Bienal en Sevilla y que llevaremos a Madrid en 2020. Es una pieza para tres solistas, con Alfredo Lagos a la guitarra, Antonio Moreno a las percusiones  y yo misma. Buscamos paisajes nocturnos donde encontrarnos, donde soñar, donde desestabilizarnos y mezclar fragmentos del pasado.

¿Cómo piensa usted en la danza antes de dormir?

Ese momento ha sido mágico siempre para mí pues en la proyección, en la imaginación o en la ilusión puedo bailar lo que aún me resulta desconocido. Bailo lo que no he bailado aún. Y eso es magia.

¿De dónde toma esos utensilios flamencos y de ‘batalla’?

 Mucho de la música, mucho de las imágenes y mucho de mi propia vida.

El flamenco, ¿qué le muestra en sus insomnios?

Creación y más creación.

¿Qué le va dejando en su memoria?

Me deja año tras año una vida marcada por los viajes, por la música y por los compañeros con los que me embarco en aventuras.

¿Cómo le impulsa en sus anhelos?

 El deseo es un motor tan grande que es difícil abandonar aunque a veces una esté asustada o agotada. Si amanece de nuevo y vuelvo a comprobar que disfruto bailando, sonrío y continúo.

¿Cómo se baila el silencio?

Escuchando con más atención cada roce en el aire y en el suelo.





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