La fotógrafa y cineasta onubense nos habla de su último proyecto: Acuérdate de mí, un viaje íntimo a través de la memoria de la actriz Adelfa Calvo, nieta de La Niña de la Puebla.
Revista La Flamenca. Celia Chazo. 17/7/2026
Acuérdate de mí, un metadocumental presentado en la pasada edición del Festival de Málaga el mes de marzo. Conversamos con Remedios Malvárez sobre su última obra audiovisual y también sobre el flamenco, un elemento inherente a su vida tanto personal como profesional.
Antes de entrar en materia, me gustaría preguntarle qué le llevó a dar el paso de la fotografía al audiovisual. ¿Qué encontró en el lenguaje audiovisual que no le daba la fotografía?
Me sigo sintiendo fotógrafa, siempre me gustó el cine, siempre he tenido inquietudes cinematográficas pero no estaba a mi alcance, ni a nivel académico, ni a nivel económico. Entonces me dediqué a la fotografía que era lo que en ese momento estaba a mi alcance. Mi formación es jurídica, soy letrada, nunca ejercí, y es lo que pude estudiar en ese momento. El cine en ese momento era para ricos en España. Hace unos diez años, la revolución digital provocó un abaratamiento de los equipos que me permitió acercarme al audiovisual. Cuando descubrí que mis fotos se movían, cantaban, para mí fue un empezar de cero en otra disciplina. Fue algo que siempre había querido hacer. Por eso, no considero que la fotografía me impusiese un tope creativo, siempre existe una mejor fotografía por hacer y una mejor película por rodar.
Entrando en faena, ¿cómo vivió la acogida de Acuérdate de mí en el Festival de Málaga?
Pues fue muy buena, yo mido mis películas cuando las tengo terminadas no por lo que se ve en la pantalla sino por lo que se ve en la sala. No solo busco comunicar, también emocionar. Cuando una película te la paran dos o tres veces piensas: « ostras, pues mola ». En este caso, con Acuérdate de mí la pararon dos veces con aplausos. En la anterior, con Fandango la pararon seis, había mucha música y era otra cosa. Acuérdate de mí no es un simple biopic, retrata al personaje desde la mirada de su nieta, lo que, en mi opinión, hace que conecte bastante bien con el público.
¿Cuáles fueron los principales elogios que recibió en el festival?
Sobre todo la fotografía, y también el hecho de descubrir un personaje que mucha gente no conocía. Me hablaron de una mirada muy personal y feminista.
¿Cree que este documental puede conectar con un público internacional que no conoce a La Niña, o es necesario conocer a la artista para emocionarse con la historia?
No, no se necesita. Hay películas que te enganchan aunque no conozcas al personaje. Pienso, por ejemplo, en Searching Sugar Man que cuenta la historia de Sixto Rodriguez, un artista absolutamente desconocido. Y aun así conectas con él. Si una historia está bien contada y consigue emocionarte, puedes empatizar con cualquier personaje. En el caso de Acuérdate de mí, no es solo un personaje, es el viaje interior de su nieta a su infancia, sus recuerdos y su familia. Redescubriendo a la artista, por supuesto, pero es un viaje muy íntimo.
Para Adelfa Calvo imagino que el documental tenía una dimensión muy íntima. ¿Qué supuso para usted acercarse a esta historia?
Para mí, era una historia muy bonita de contar. Había muchas cuestiones desconocidas alrededor del personaje y eso me interesaba muchísimo. Pero lo importante era alejarse del biopic clásico y construir la película desde la memoria de su nieta, a través de esas cintas de cassette que grabó hace cuarenta años con la voz de su abuela.
Tengo la sensación de que existe un vínculo especial entre usted y La Puebla de Cazalla, ya rodó allí tres documentales: Menese (2019), Pico Reja (2021) y este último
Pura casualidad. No tengo ningún vínculo con La Puebla de Cazalla, aunque ya es el tercer documental que hago allí. Con Menese me encontré una fotografía de La Niña de la Puebla al lado de una botella de anís. No tenía nada que ver con la historia, pero me pareció un plano espectacular y lo grabé. La Niña era muy de Vogue cuando era joven. Tiempo después coincidí con Adelfa en un festival y me dijo: «Anda, del pueblo de mi abuela». Yo ni siquiera sabía que era su nieta. Entonces me contó que tenía unos cassettes con grabaciones de su abuela y ahí empezó todo.
Cambiemos de tercio, me gustaría entrar ahora un poco en materia de flamenco, ¿cómo interpreta el auge que está viviendo el flamenco dentro de la industria cinematográfica? ¿Cree que puede llegar a encasillar?
No creo que lo encasille. El flamenco es algo muy permeable en Andalucía, forma parte de nuestra cultura, de nuestro ADN y de una manera de musicalizar la vida. Para quienes nos interesa, es una fuente constante de inspiración.
Creo que el cine y el flamenco son disciplinas distintas, pero también el flamenco es una forma de entender el arte. En mi caso, es algo con lo que convivo, forma parte de mi esencia. Me gusta contar historias reales, cercanas a mí, y en ese sentido el flamenco inevitablemente me interesa.
¿Es el flamenco uno de los principales ejes de sus proyectos?
También he trabajado cuestiones como la memoria histórica. En publicidad abordo otros asuntos sociales, pero es verdad que el flamenco siempre ha ido conmigo. Esa cercanía, ese lenguaje y esa pasión que emana este arte los llevo a todas las cosas en las que pongo algo de mí. Entonces creo que más que hablar de flamenco, prefiero decir que hago cine desde el flamenco, y desde el flamenco se pueden contar muchas cosas.
Figuras como La Niña de la Puebla o El Cabrero entendían el flamenco también como una herramienta política y social. ¿Cree que ese componente sigue presente hoy?
El flamenco siempre ha sido revolucionario. Ha servido para que el pueblo expresara dolor, rabia o inconformismo. Quizá hoy ese punto reivindicativo no está tan a flor de piel, pero también tiene que ver con la sociedad actual, que muchas veces parece un poco adormecida ante lo que pasa alrededor. Yo sí creo que el arte debe conservar ese punto revolucionario y antisistema, que sirva para denunciar lo injusto. Y especialmente el flamenco, porque es un arte popular que debe permanecer vivo para que no se convierta en folclore. Siempre hay un punto de rebeldía en cualquier manifestación artística.
Para terminar, ¿cree que hoy podría surgir una figura con el impacto social y cultural que tuvo La Niña de la Puebla?
No sé exactamente cómo sería, pero quizá la mediaticidad que tenía La Niña de la Puebla en su época podría compararse con la que tiene hoy Rosalía. Son propuestas completamente distintas, claro, pero ambas responden al contexto de su tiempo. En el documental hablo también de ese segundo exilio de muchas mujeres durante el franquismo: mujeres que se quedaron aquí, fueron silenciadas y tuvieron que sobrevivir. La Niña nunca renunció a sus ideales, pero tuvo que sacar adelante a sus hijos a través del cante, además siendo mujer y ciega.


