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Monumentos Flamencos: Juan Varea


Monumentos Flamencos: Juan Varea




Revista La Flamenca

El año pasado se cumplieron cien del nacimiento de Juan Varea, uno de los mejores cantaores que ha dado la Comunidad Valenciana. Nació en Burriana, provincia de Castellón, el 26 de abril de 1908. Cuando era muy joven se fue a vivir a Barcelona con su familia. El padre se Juan era tratante, lo cual le hizo que se relacionara a menudo con los gitanos del Somorrostro barcelonés. Este fue su primer contacto con el mundo del flamenco, aunque se dice que su padre cantaba también con cierta gracia. Su primera actuación fue en Barcelona, en el local de Miguel Borrull y obligado por sus amigos. Su voz y dominio dejó perplejo al cantaor madrileño Angelillo quien le propuso actuar junto a el en la compañía de Manuel Vallejo. Con esta compañía debutó en Madrid en el Teatro Pavón junto a destacadas figuras, realizando giras por todo el país. En 1930 graba su primer disco junto a Pepe Marchena y Juan el Pescaero. Los tres innovaron protagonizando un fandango a tres voces, acompañados por el toque de Ramón Montoya.

Juan Varea fue autodidacta y durante su vida supo desarrollar sus dotes artísticas a través de una dedicación plena al flamenco. Era un cantaor completo. Tanto es así que cuentan que en un cartel de esa época que anunciaba un espectáculo que se iba a celebrar en Granada, se leía: “único cantaor no andaluz que interpreta todos los palos”. Juan sufrió en sus carnes la Guerra Civil y, a pesar de que no manifestaba interés por alguna de las ideologías política, le toco luchar con los republicanos y también estuvo encarcelado en Ávila durante algún tiempo. Su gran amistad con Manolo Caracol tuvo también su aportación artística e hizo que Juan Varea fuera también un excepcional intérprete de zambras. El cantaor sevillano trajo en una ocasión a Juanito a Sevilla para que actuara en la Alameda de Hércules. Junto a otro amigo, Canalejas de Puerto Real, montó su propia compañía; allá por el año 1950.

Juan Varea pudo ver recompensada toda su aportación al flamenco en 1983 cuando la cátedra de flamencología de Jerez le otorgó el premio nacional a la maestría. Un año después, cuando el cantaor se encontraba ya bastante enfermo, recibió en Madrid un sentido homenaje por parte sus compañeros artistas en el teatro monumental. Juan Varea murió en el 1985, pero durante todo el año pasado se celebró el primer centenario de su nacimiento con numerosos actos como manera de saldar la deuda que el flamenco tenía con el artista valenciano. Entre estos actos, uno de los más importantes fue la inauguración de su monumento en Plaza de los Monjes de Burriana, localidad que lo vio nacer. La estatua de bronce del escultor Enrique Gimeno fue descubierta por Juan Diego Varea, nieto del artista, el mismo día que su abuelo hubiera cumplido cien años. Sin duda hubieran sido cien años de sabiduría y buen cante.

Texto: Yessica Brea




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