Los restos mortales del cantaor se encuentran en la capilla ardiente instalada en el Teatro Municipal de Aznalcóllar, localidad donde nació.
Revista La Flamenca. R. De la Villa. 13/5/2026
Hoy, 13 de mayo hemos despertado con la noticia del fallecimiento de José Domínguez Muñoz, más conocido como El Cabrero. Un triste desenlace que su propio hijo, el también cantaor El Crespo Zapata ha comunicado a través de la red social, Facebook: “Con todo mi dolor tengo que comunicaros en nombre de mi familia el fallecimiento de mi padre, El Cabrero. La capilla ardiente se instalará en el Teatro Municipal de Aznalcóllar. Sabemos lo que supone esta pérdida para muchos de vosotros”.
Con esta partida se ha silenciado para siempre el cante, del que puso, a través del flamenco, voz a los sin voz.
El Cabrero nació en el 1944 en el municipio sevillano de Aznalcóllar, localidad donde hoy puede ser visitada su capilla ardiente colocada en el Teatro Municipal.
Desde su infancia se dedicó al pastoreo de cabras, oficio que siguió ejerciendo a pesar de ser una de las figuras del flamenco más solicitadas a nivel incluso internacional, por ello su nombre artístico de “El Cabrero”.
Su carrera como cantaor la podemos situar en 1972, con la compañía La Cuadra de Sevilla, realizando una gira por España y diversos países europeos. Aquí alcanzó grandes éxitos, hasta tal punto, que emprendió una nueva gira, pero en solitario, debutando en el Théâtre de l'Atelier de Ginebra, en el mes de marzo de 1973.
Aunque El Cabrero no necesitaba grabar discos para hacer su cante universal, en el 1975 grabó su primer álbum bajo el título de “Así canta el Cabrero”. En los años 80 se convirtió en un fenómeno social y el cantaor más reclamado para festivales y peñas, por delante, incluso que El Lebrijano o Camarón.
En los 90 participó en festivales de world music donde compartió cartel con músicos como Gilberto Gil o Chick Corea. Fue ya en los inicios del siglo XXI cuando por motivos de afinidad ideológica colaboró con el grupo de rock protesta Reincidentes.
Fueron años en los que logró fraguarse una figura rebelde que llevó a los escenarios con letras reivindicativas en contra del régimen, algo que lo convirtió en un artista muy popular durante la Transición.
Y es que como hizo en su día José Meneses o Enrique Morente, El Cabrero incorporó en los cantes a los trabajadores del campo andaluces, los jornaleros o los pescadores y reflexionó sobre las jerarquías sociales… Y lo hizo santo y seña de su identidad, la de cantar lo que pensaba, poniendo voz a los sin voz, con letras que en su momento eran muy reivindicativas y que ponían a la gente en pie en los festivales.
Hace unos siete años aproximadamente, un ictus apoplético, lo retiró de los escenarios, pero el ser el cantaor más contratado de su tiempo, no se olvida por más que 100 años pasen, pues su afición le ha sido siempre tan fiel que, ha sido capaz de peregrinar desde los puntos más distantes de la geografía española y resto de Europa a fin de reencontrase con voz de El Cabrero.
Como única bandera defendía el flamenco tradicional, el cante puro, sin artificios, auténtico y sobrio. Siendo su fuerte los fandangos de Huelva, también destacaba en sus repertorios las soleares, malagueñas, tonás, seguiriyas... a las que siempre les imprimía su impronta y carácter propio. Atreviéndose con todo, incluso con los tangos argentinos llegando a editar un disco dedicado a ellos.
Aunque la voz de El Cabrero se haya apagado para siempre, su cante, hoy, se ha hecho eterno. Escribió una página importante de la historia del flamenco y por ello, será por siempre recordado. DEP
