El percusionista fallece solo una semana después de que lo hiciera su padre, el cantaor Ramón “El Portugués”.
Revista La Flamenca. R. De la Villa. 24/6/2025
Volvemos a colgar el crespón negro en las entre telas del alma en señal de luto por otro flamenco que sube al cielo. Hace una semana justo cuando nos hacíamos eco de la muerte de Ramón El Portugués, no nos podríamos imaginar, ni en las peores pesadillas, que 7 días después, ¡sólo 7 días después! tuviéramos que anunciar el fallecimiento de su hijo el menor.
Difícil de digerir y de escribir, pero Sabú Suáres Escobar, conocido artísticamente como Sabú Porrina, fallecía este lunes en el año de su 41 cumpleaños.
Un poco pronto y con dos pérdidas muy cercanas, pero quizás cabe el consuelo de que su percusión está haciendo compás eterno a la voz ronca, desgarrada y con profunda raíz gitana de Ramón El Portugués.
Hablar de Sabú Porrina es hablar de arte, de compás… de flamenco, el cuál le viene de cuna pues fue hijo y nieto de grandes artistas de la historia de lo jondo formando parte de una casa flamenca extremeña sin igual, la de Los Porrinas.
Sabú nación en el 1984 en Madrid. Tal y como él contaba en una entrevista se crio entre maestros como Luki Losada y su familia. Con 8 años empezó a tocar el piano en el culto de San Blas, y movido por sus hermanos empezó a llamarle la atención la percusión.
Como anécdota, cuenta que en una juerga que estaba el maestro Antonio Canales y la familia, Canales lo vio tocar y quedó embelesado, tanto que le dijo a su hermano Ramón, que lo llevara a un ensayo, lo cuál le llenó de orgullo, el poder compartir este momento junto a su hermanos Ramón y el Luki, marcándolo de por vida.
Antonio Canales fue la primera persona que confió en él pues a partir de aquí no paró de trabajar con los mejores del flamenco como Paco de Lucía, Tomatito, Ketama, Diego El Cigala, Joaquín Cortés… labrándose una consolidada trayectoria marcada por el respeto de lo puro y la apertura a nuevos horizontes, demostrando siempre la amplitud y versatilidad de su talento.
En su última etapa, Sabú estaba inmerso en diferentes proyectos musicales y colaboraciones escénicas, poniendo sobre la mesa la importancia de la percusión y su constante evolución.
La pena y la tristeza inunda el flamenco, pues se va alguien que para muchos es la clave del relevo generacional del flamenco contemporáneo, pero el destino ha querido que el menor de Ramón El Portugués siga dando compás, ahora en el cielo, a tantos y tantos artistas que allí habitan.
Nuestro más sentido pésame a familiares, amigos y flamencos en general. Que la tristeza que hoy nos inunda se convierta en el consuelo de que su legado, desde hoy, será eterno.
