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Entrevista: Diego el Cigala


Entrevista: Diego el Cigala




Revista La Flamenca: Revista nº 12 /año 2005 Septiembre Octubre

Este niño que es un caso apunta buenas maneras pero cuando pinta un vaso el agua la pone fuera ¿verdad que suena flamenca?. Esta letra la canta por alegrías un gitano madrileño criado en El Rastro en honor al más insigne de los pintores malagueños. Se trata de un disco alimentado por Paco de Lucía, Tomatito, Raimundo Amador, Diego del Morao, Josemi Carmona, Javier Rubial, Carlos Chaouen, Paquete o Rafael Alberti ente otros. “Picasso en mis ojos” es el último trabajo de Diego El Cigala.

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¿Cómo se origina “Picasso en mis ojos”?
La idea surge en una cena con José Manuel Bravo, mi compañera Amparo y yo. Estábamos hablando de la música en general. Fuimos centrándonos en “Lágrimas negras” y decíamos ¿después de “lágrimas”, qué? Yo tenía el pensamiento del disco de guitarras, pero quería dar al público un porqué, no un disco de flamenco más, sobre todo cuando quería tener a esos genios de guitarristas. Salió el nombre de Picasso y fue como una bombilla que se me encendió: ¡Picasso! ¡malagueño! Al día siguiente me metí en internet, busqué su biografía y flipé. Vi sus grabados, sus pinturas, el Guernika. Quería grabar ese tema con mucha tragedia, con unos tientos-tangos con mucha tragedia, porque eso fue lo que ocurrió.

Háblame de Picasso
Me gustaba su figura. Era muy flamenco. Se iba con Alberti: amanecía. Se iba con Manitas de Plata: amanecía. Le pintaba los decorados a Falla. Le gustaba un cante por malagueñas más que a nadie. Sus tauromaquias, sus guitarras, su forma de vivir, sus fiestas de noche, mujeriego ¡todo eso es lo que conlleva también el mundo del flamenco! (ríe) ¿Y qué pintor pinta una cabra con dos cabezas que te guste? Él era cubista, pero había pasado por todos los registros de la pintura. En ese sentido yo me veía un poco también cubista, porque soy un cantaor de los más puros y de los más tradicionales que haya, pero también canto un wawankó, también canto un bolero, me meto por otros ritmos insospechados, siempre y cuando no pierda esa flamencura.). Ese era el primer motivo por el que quería cantar a Picasso, y el segundo es porque creo que parte de los grandes cantaores flamencos han cantado a la literatura y a la poesía y muy bien cantado, pero nadie había cantado a la pintura y en el flamenco, menos. Una vez que había comenzado la grabación del disco, lo maduraba y decía ¡es una idea maravillosa!

Las letras ¿las encargaste, te las encontraste, te las ofrecieron…?
Pues mira, por ejemplo a Chaouen le conocí en la Compañía, le conté mi proyecto y le dije si quería escribirme algo sobre Picasso. A los dos días tenía ya la letra en casa. Se lo dije también a Javier Rubial y me hizo “Malagueño”, la alegría. Me llamó y me la dijo “este niño que es un caso / apunta buenas maneras / pero cuando pinta un vaso / el agua la pone fuera”. ¡Bonito, no?. Y “los pescadores” de Javier Krahe es una obra de arte, porque a Picasso también le gustaba mucho el mar. Y es que yo no podía hacer nada que pudiera enturbiar la figura de Picasso, sino al contrario, engrandecerla ¿cómo? Con mi cante. Así que en los textos yo he estado muy feliz, porque cada uno ha puesto el alma. Todos han estado a la altura.

“Picasso era muy flamenco: sus tauromaquias, sus guitarras, su forma de vivir, sus fiestas de noche, mujeriego”

¿Cómo ha sido el proceso de grabación?
La verdad es que he hecho el disco que yo quería. Ha sido un gustazo, porque además se ha grabado en mi casa: no estás en un estudio de grabación pendiente del tiempo ni de guardar la compostura. En mi casa estábamos de colegas: ahora metes tú la guitarra mientras yo juego a la play station y luego canto. De muy buen rollo. Y nadie traía la música hecha sino que la música se fraguaba allí, que eso es muy importante: ¿la falseta para la alegría? ¡búscate la vida! ¡Ahí tienes horas! Y hasta que no hacía la falseta no salía. Así se ha hecho el disco: como yo he querido y como han ido queriendo los guitarras, porque la mayoría del protagonismo lo han tenido las guitarras. Cada guitarra ha sido un mundo. Venía Raimundo con Jerry González a hacer la rumba del “Apenao” y te puedes imaginar la locura que es tener en el estudio a esos dos genios tan distintos pero con el mismo corazón y la misma ilusión por la música. Hoy día los discos se llenan de música y puede estar bien, pero este disco es de guitarra: Paco, Tomate, Morao. Raimundo, El Paquete… Diego el Morao ha hecho un trabajo fabuloso. Creo que es el que más ha tocado. Y luego Josemi vino a tocar el tema de La Paloma, y conforme venía a la sierra, se le pinchó el coche. Yo pensé ¿tendrá ganas éste de ponerse ahora a trabajar? Pues llegó con las manos llenas de grasa, se tomó una Coca-cola, se lavó las manos, entró al estudio y tocó el tema de principio a fin, de una pasada. Ha sido un disco de puro amor y de puro compañerismo. A mí me gusta un disco que se construye desde cero, que no sabes lo que va a pasar. Ese riesgo me gusta. Yo sabía que teníamos un disco importante, pero también sabía que no podía ocurrir nada porque teníamos muy buenas guitarras.

Diego El Cigala 2¿Ha sido difícil contar con todos?
Solamente el localizar a toda esta gente y de que estén aquí no tiene precio. Sería imposible hacerlo otra vez. Paco estaba aquí porque tocaba en Madrid y cuando vino me lo llevé al estudio. Al Tomate me lo traje de Almería. A Raimundo lo tuve porque vino a Madrid y me fui a Boadilla del Monte a por él… Como el que quería ese disco era yo, yo he sido el que he peleado.

“Cantando Guernika me saltaron las lágrimas un par de veces y tuve que parar la grabación, echar un cigarrito y una partida de play para que se me pasara”

¿Y qué tal el trabajo con Paco?
Tuvo mucha paciencia conmigo. Siempre le estaré eternamente agradecido al maestro porque cantar delante de él pues te tiemblan las canillas. Él me hizo sentirme partícipe de su guitarra, de esa emoción. Él me fue llevando: canta por aquí, tira por allí… Y ver a Paco dirigiéndote es lo más. Y luego verle tocar te causa una impresión que te dura tres meses. Yo no quería defraudar al maestro y he estado a lo que él dijera.

En el trabajo diario del disco ¿Quién decidía lo que estaba bien y lo que no?
La producción la hemos hecho Paquete y yo. Hemos tenido muchas discusiones, pero son las cosas de producción porque buscábamos lo mejor. Paquete se ha dejado los cuernos ahí, se ha dejado el corazón, la vida. Al principio le sonaba a chino: “¡Joder, Picasso! ¡Esta es una obra de seis meses!”, decía. Y yo le dije “si tenemos que trabajar en un disco seis meses, me aburro”, y es verdad. Cigala no es así: Cigala se aburre. Así que prefiero estar siete semanas intensas, que es lo que he hecho con “Picasso en mis ojos”. Siete semanas de cuatro de la tarde a siete de la mañana, pero continuo. Si hubiéramos querido hacer una obra muy elaborado nos íbamos a comer el coco y al final lo íbamos a aborrecer. No solo ese, cualquier disco. Así que quería que la grabación fuera como yo he visto a Picasso, y en ese momento lo vi así. A Rafael Alberti le preguntaron ¿cómo salió La Paloma? Y contestó Alberti: “me salió así”. Fíjate que frase.

Es, entonces, tu disco más personal
Totalmente. Hasta cantando es el más personal, porque tengo ya otra madurez, otra manera de cantar, se me ha puesto la voz de otra manera, más colocada, con más templanza. Ahora me peleo con el cante cuando quiero yo. Con el cante hay que pelearse todo el rato, pero sabiendo llevar la pelea para que dure un combate y otro y otro. Ya no se trata de salir y desfogarte, sino que hay que dosificar y saber transmitir, saber de dónde hay que tirar y de dónde no. Y todo esto te lo va dando el tiempo y un disco tras otro. En este disco me dije a mí mismo: “sólo voy a cantar lo que me conmueva”. No puedo hacer nada ficticio, y menos en algo tan serio como Pablo Ruiz Picasso, en el que tuve que poner toda mi alma y mi corazón.

¿Ha habido alguna pieza que te haya costado más grabarla?
Si, “Guernika” y la soleá de Chaouen. Cantando Guernika me saltaron las lágrimas un par de veces y tuve que parar la grabación, echar un cigarrito y una partida de play para que se me pasara. Y con la soleá, no la encontraba. La quería hacer con toda su pureza, pero también moderna, con una batería, con una caja, con un contrabajo, con un desafine de la cuarta y la tercera de guitarra, pero todo muy sutil y manteniendo la soleá con la voz. Cuando la empecé a grabar me recordaba a Morente y le llamé un par de veces y me decía “¡déjame que vaya yo p’allá y lo grabo yo!”, porque a él le van mucho esas cosas.

“De niño pinté a Curro Jiménez”

¿Te ha quedado alguna pieza en el tintero?
Había otro tema del que tuvimos que prescindir porque no le dio tiempo a terminarlo al maestro Sabina, que era “Las señoritas de Avignon”. Sabina estaba también con su disco y no ha podido ser. Pero aparte de ese, no. No quería cargarlo más. He quedado conforme, contento y satisfecho.

En la portada apareces con la paleta ¿Has pintado alguna vez?
Bueno, en el colegio de niño pinté a Curro Jiménez (ríe) Y me salió bastante bien, la verdad, con Curro montado en el caballo, así de lado.

¿Qué cigala encontramos en este disco? ¿Cómo es el Cigala hoy? ¿En qué momento artístico está?
Es un Cigala verdadero en cuerpo y alma. De nobles ideas a la hora de cantar. Un Cigala maduro, sentado, con reposo y sosegado a la hora de cantar. Pero también un Cigala al libre albedrío.




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